11 de septiembre de 1973; 7.52 am

"Levantate! Levántate!... como me pude quedar dormida!!"

Son las palabras que me despertaron el 11 de septiembre del 73. 

La situación era grave para mí: era el día del maestro y yo tenía un rol destacado porque me tocaba recitar un poema para homenajear a mis profesoras y profesor (había uno solo) y mi mamá se había quedado lona y no me había despertado para ir a la escuela. 

Ni corriendo llegaba a la hora.  

Mi mamá fue a prender la radio automáticamente mientras yo, aun con los ojos a medias abiertos (nunca tuve buena vista) trataba de encontrar mi uniforme (nunca he sido ordenada) y ponérmelo (digamos que la coordinación con sueño... tampoco era mi fuerte). Ella regresó a mi pieza y me dijo "hoy no vas al colegio" y yo alegué porque... "pero mamá, tú no entiendes!! Tengo que recitar!!". Y dijo las palabras que cambiaron todo "los militares están en la calle... hicieron un golpe de Estado..." 

Mi familia no era proclive al gobierno socialista del Presidente Allende, pero si respetuosa profunda de la democracia "en el país y en la casa", lo que yo aprendí y valoré mucho en mi adolescencia. Mi madre confiaba -como muchos- que sería un par de años "hasta que se ordenara la cosa", opinión compartida con varias vecinas. Pero a las 11 de la mañana -aproximadamente- empezaron a aparecer humaredas en las casas del pasaje donde vivía... y era en casas de familias amigas. Mi mamá partió a verlas y de pronto se armó una hoguera en mi casa: varios vecinos eran simpatizantes de la UP y estaban quemando libros, periódicos y revistas y ella fue a decirles "quememos en mi casa, ahí no van a llegar".

Ese día fue en blanco y negro. Nunca supe si por el humo del bombardeo a La Moneda o por las humaredas de personas quemando cualquier cosa que lo mostrara como cercano al gobierno. En esos afanes supimos que el presidente Allende había muerto en el Palacio de Gobierno.

Tenía 12 años y recuerdo que una de mis preocupaciones en ese momento era "y ahora, ¿quién le va a dar leche a los niños?"

Ya tarde -en medio del toque de queda- pudo llegar a casa mi papá. Mi mamá fue a abrazarlo -alegre y asustada-: "por fin llegaste! Cayó el gobierno y ahora los militares van a arreglar la situación y se van a ir!"

Y mi padre la miró con mucha pena: "como puedes decir eso, los que llegan con la violencia, nunca se van!"

Se quedaron por eternos y negros 16 años y 6 meses... No se fueron voluntariamente y dejaron miles de muertos, detenidos desaparecidos, torturados, prisioneros políticos... hay tantos y tantas que nos faltan, que son una herida abierta. 

Recién a los 28 años pude ir con mi papá a votar, por primera vez, por un presidente...

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