Desde el mandala...

Hoy comenzábamos una reunión de zoom cuando nos enteramos la muerte del hermano de una querida amiga... al momento que comenzamos la reunión.
Eramos varias mujeres de distintos lugares del país y de América... Carla nos propuso practicar una técnica japonesa para bajar el estrés y la ansiedad y nos metimos en eso... y luego hablamos de la muerte y la vida, como la vivíamos y cómo la estamos viviendo... y hablamos de miedos y de fuerza... y de llantos.

Y nos sacamos una foto como las de Spencer Tunick en pandemia, intentando darnos la mano desde Zoom... y unirnos en esa tomada de mano a nuestra compañera.
Las mujeres, especialmente las latinas somos de piel, de tocar, de sentir que queríamos abrazar a la compañera que sufría en Centroamérica, de ir a ayudarle a la compañera de Chile, poder decirle "tranquila, descansa, yo te hago un tecito..."
Pero esta situación nos toca y lo que antes era bueno, hoy es peligroso: peligroso abrazar, peligroso llorar juntas, acercarse mucho, reír juntas...


Y después de darle muchas vueltas, decidimos dejar espacio para acercarnos a la cámara y mirarnos. Aprender a acariciar con los ojos, a dejar que las otras entren en mi vida por los ojos. No por nada los ojos son el espejo del alma.

Si logramos hacerlo, llegará el día -tarde o temprano- en que podremos encontrarnos y no se si correremos a abrazarnos, o el aprendizaje del anhelarnos con los ojos será tan fuerte que nos tocaremos como tocamos un pajarito o una flor o la mano de un bebé.




Ahora debemos aprender expresar el amor en la lejanía física... pero hagámoslo desde la certeza del abrazo intenso, sutil, delicado, bullicioso, reverencial, sagrado que estamos esperando...






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