Emma
Decir Emma suena como la novela de Jane Austen, pero esta Emma es muy contemporánea.
La conocí hace unos años cuando se instaló el café Republicano en la plaza Manuel Rodríguez, llena de recuerdos de universitaria. Era un café con una onda bastante... yo. No voy a decir -con el paladar cafetero de ahora- que el café era muy bueno pero era café y no Nescafé. En la barra siempre había una chica alta y delgada, de rostro alargado y pelo claro... era la Emma. Yo no sabía que era la chef ni que se llamaba Emma.
En realidad, en algún minuto deje de ir porque los almuerzos ya no eran tan ricos ni tan baratos. En esos afanes (buscar donde almorzar) pasé por un local que era super lindo y super malo... y ahí vi a la flaca alta. Estaba instalando su propio café restaurant!! Cuando se instaló, reconocí la mano y dejo de ser "ella" para ser la Emma y su melliza la Pame.
Para mi vergüenza debo decir que las confundía tupido y parejo. Estuvo varios años ahí hasta que me contó que iba a dejar ese local y iba a restaurar la casa de sus abuelos en el pasaje República y de nuevo me quedé huérfana de comida hasta que logré ubicar el número y llegar al nuevo local.
Era su sueño: una sala con papel mural negro con rosas rojas que yo bauticé para mí como el salón de la Reina Roja, y un salón lleno de colibríes... que yo bauticé, también para mi, como el salón japonés.
Creo que nos hicimos "algo" amigas... yo era cliente regalona y tenía café gratis, si no me gustaban mucho las opciones de menú siempre se le ocurría algo distinto, cuando iba con la Vale le tenía algún plato sin leche ni trigo, probé el lemoncello con la receta de su abuelita, me hizo el Kuchen de frambuesa más maravilloso del mundo mundial sin trigo ni leche; comí los mejores panes de pascua (solo con la competencia de los de la señora Nelva)... el estallido social las pilló fuerte, llevaban menos de un año ahí y habían invertido dinero, tiempo y cariño. La Emma y la Pame trabajaban fuerte con toda la familia apoyando... al local no le pasó nada, pero en el estallido no siempre se podía salir a almorzar, a veces la gente avisaba pero no podía llegar y ella preparaba... no sé... cuarenta almuerzos y llegaban dos clientes!
Fui a almorzar allá el 17 de marzo, nos reímos porque mi botella de lemoncello estaba esperando fermentar bien!! El 18 de marzo se cerró la oficina por el riesgo del COVID y ese día no fui a almorzar. Pocos días después comenzó la cuarentena en Santiago que no se ha levantado por muchas semanas.
La Emma ha sido una persona amable y querible en mi vida. Como esas personas que aparecen derrochando calidez y entusiasmo.
No tengo su teléfono aunque he querido llamarla. No se si el salón de la Reina Roja está con las rosas brillantes u opacas, pero ella decía que los colibríes eran signos del acompañamiento de los ancestros y espero que sus ancestros sigan cuidando su hogar y su trabajo.
Cuando esto termine, quiero ir a tomarme un café CON ELLA y saber como pasó y como la pasó... y llevaré coñac rico para embriagarnos con carajillo!! Y tomarnos la botella de lemocello!!!



Un relato lleno de cariño y hermoso. Me encantó lo pude ver como una película en mi mente porque esta muy bien narrado. La magia te sigue a acompañando.
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